LO QUE NO MATA, ENGORDA
Me encanta desayunar con mi familia. Todos juntos alrededor de la mesa, compartiendo el inicio de un nuevo día. De hecho, ahora que lo pienso, es el único momento del día en que los cinco estamos en la misma habitación. ―Bern, con las manos no ―le regaña Günter al pequeño, que tiene los dedos llenos de crema de cacao. Con un gesto de resignación, el niño se limpia y coge un tenedor. Me extraña que Günter se haya dado cuenta, absorto como está en el holo-periódico. Yo sigo con lo mío, sino se quemará la panceta. Y sería un verdadero desperdicio que se quemara. Sobre todo por los alonutrientes. ¿Por qué aún nadie ha inventado las sartenes con chip de autoapagado? ―Mamá, venga que me tengo que ir. Si no salgo ya no llego al en...